Una vez consumada la derrota por 1-2 contra los zapopanos, las cámaras de AméricaMonumental tomaron al atacante, quien parecía estar sumamente tranquilo, en paz, cómodo y hasta contento, se abrazaba y no paraba de reír con sus ex compañeros, los jugadores de Tecos.
En efecto, la cuarta eliminación consecutiva del América se acercó un poco más con ese nuevo tropiezo en casa, y al brasileño parecía no importarle en absoluto. Quizás estemos exagerando, pero no nos quedan dudas de que muchos de ustedes, queridos lectores, habrán jugado futbol en algún nivel y sabrán que cuando uno queda afuera de competencia es un momento de amargura, tristeza, frustración y desilusión, cualquier cosa menos alegría, ¿no es así?
Ahora, imagínense que detrás de ustedes tienen a millones de personas que se enojan, patalean, gritan, lloran y maldicen cuando uno pierde, y que todo eso no les genere un poquito de vergüenza, coraje o pena. Esto es lo que pasa con este jugador y quizás con unos cuantos más.
Realmente el América, como institución y como afición, merece jugadores que sientan un compromiso con el club, no sólo en lo contractual, sino en lo moral, ya que ocupan un lugar privilegiado en el que millones quisieran estar, y lo menos que pueden hacer es honrar a la camiseta y a la gente que cada fin de semana prende la televisión o paga un boleto para irlos a alentar.
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